En diferentes ámbitos, el término "discapacidad" se ve fuertemente cuestionado por sus implicaciones de significado.
Hablar de dis-capacidad, implica una "capacidad disminuida", que usualmente se relaciona con algún tipo de supuesta "normalidad", desde la cual se determina lo que serían:"capacidades normales"
Las preguntas de base allí serían: ¡Qué significa "normal"?, y ¿Quién puede considerarse normal en realidad?
El simple hecho de declarar la existencia de esa supuesta normalidad es, en sí mismo, un acto de exclusión y segregación, que permite "alejar" todo lo que no pertenezca a lo normal, lo aceptable, lo esperado, lo aceptado, para clasificarlo como parte de la marginalidad que, tradicionalmente, hay que esconder o ignorar.
En el tiempo que he trabajado con diferentes personas y familias que viven la condición de "discapacidad", aprendí de ellos la expresión de "diferencia Funcional", expresada por esas familias como una reivindicación del valor "real" de esa persona con condiciones especiales, como alguien que sencillamente tiene una forma de relacionarse con el mundo que es diferente, única y singular, y por lo mismo valiosa, enriquecedora y completa, solo que DIFERENTE y singular.
Una "discapacidad" es en realidad una funcionalidad diferente, pero igualmente rica y valiosa.
En mi tiempo trabajando con discapacidades, y especialmente con personas con síndrome de Down (trisomía de par 21) aprendí que no tiene ningún sentido tratar de llevar a las personas con diferencias cognitivas o funcionales, u otras, a tratar de adaptarse a la supuesta realidad y funcionalidad de las personas neurotípicas, y que el intentar hacerlo es irrespetuoso y hasta agresivo. En lugar de ello, al enfocarnos en intentar ver el mundo desde su percepción, descubrimos universos fascinantes y valores extraordinarios que deben expresarse y divulgarse: no son "menos": son simplemente "diferentes"

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